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Niños durmiendo en las calles de Sao Paulo

Brasil, pais do jogo bonito…. Brasil, pais mais grande do mondo….

El sueño de tener un mundial de fútbol nuevamente en continente americano tiene para muchos en el conciente (y en el subconciente también) aún el romanticismo de aquellos años donde el fútbol se jugaba «por amor a la camiseta» y donde las risas y lágrimas se entremezclaban casi dejando atrás otros intereses más que el encuentro entre rivales deportivos, donde todos (….TODOS….) terminaban de alguna manera felices por los resultados, pero más aún por la competencia y la fiesta de unión entre los pueblos.

Despierta, estabas soñando. Nada más alejado de la realidad. Brasil se convierte de largo en el mundial más caro (económica y socialmente) de la historia.

Son miles de millones de dólares gastados (aunque con vehemencia se insiste que la palabra correcta es «invertidos») con el objetivo de cumplir los requisitos que exigen la FIFA y el club de empresas socias de las citas mundialistas, en un país donde esos recursos tendrían mejores destinos, como por ejemplo brindar más educación,

Zonas militarizadas en Brasil intentan
aplacar las protestas que exigen justicia social

salud y seguridad en lugar de entretenimiento (?); situación que al analizarla se pone más crítica cuando según varios especialistas económicos las «ganancias» frente a toda esa inversión se puede traducir en «felicidad» de los pobladores.

Esta «felicidad», de por más relativa, seguramente nunca llegó o llegará a las familias que fueron desalojadas para construir en esos espacios centros deportivos y sitios de alojamiento para los deportistas, o a los niños de la calle ejecutados para que el mundo no vea las miserias del país hoy situado entre los 10 más «ricos» del mundo ni «afeen» el entorno para los turistas, o a los barrios y zonas enteras militarizadas para aplacar a la fuerza las protestas sociales.

La experiencia de Sudáfrica (país anfritrión antes de Brasil), arroja conclusiones muy evidentes: mientras que para la FIFA los ingresos han sido muy sustanciosos y ayudarán a mantener sus estructuras durante los siguientes cuatro años hasta el siguiente mundial, y para las empresas locales y de hostelería representan un incentivo temporal, para el país organizador son unas inversiones muy dudosas. 

Publicidad y contrapublicidad hacia la Coca Cola, uno de los
mayores auspiciantes del Mundial.


Es claro que los intentos de la FIFA por ubicarlo como el primer mundial sustentable ambiental y socialmente hablando (como edificios verdes, gestión de residuos y el cálculo de la huella de carbono) , además de los que hace el estado brasileño para mostrar las bellezas del país, se quedan cortos frente al patrón estatal coordinado y orientado de violencia, que se puede sintetizar en propaganda de guerra, militarización de la sociedad, criminalización de la pobreza; así como el fortalecimiento de megaproyectos para transferir los recursos públicos a grandes grupos económicos instalados en la burocracia estatal.

Hoy, alrededor del mundo, son cada vez más las voces críticas que se levantan en apoyo al pueblo brasilero y sus exigencias de mejoras tangibles en la calidad de vida y que invitan a no asistir a la cita mundialista, ni de seguirla a través de la TV (el medio que ofrece mayor visibilidad a las empresas auspiciantes), como también de dejar de consumir los productos que ellas ofertan como una manera de mostrar a cada vez mas personas la realidad que supera a la ficción mediática en torno al mundial.