Crónica de un recorrido por las orillas del río que abastece y da vida a la capital (y a muchas comunidades ) de la provincia de Pastaza, en la Amazonía ecuatoriana.

En el marco del XII Foro Social Panamazónico, Isabela Peñaherrera, comunicadora de Chaski Digital (PachaMamita), acompañó un recorrido de prensa organizado por la organización base de los pueblos kichwa de Pastaza PAKKIRU, con el apoyo de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), el Vicariato Apostólico de Puyo y la Comuna Ancestral San Jacinto del Pindo. Esta alianza busca visibilizar ante el mundo las presiones ambientales que sufren las fuentes hídricas en la selva ecuatoriana.

Aguas negras vertidas directamente en el río Puyo

Caminar junto al río Puyo transforma de inmediato la forma de entender el territorio. Al recorrer la cuenca junto a las comunidades indígenas y las familias que habitan sus riberas, resulta evidente que el agua no puede considerarse un recurso comercial, ilimitado y distante o un simple canal para el vertido de desechos urbanos. Es indispensable reconocer su valor como fuente directa de vida, soberanía alimentaria y cohesión social para las más de 25.000 personas que integran las 39 comunidades ancestrales de la zona y la capital de la provincia de Pastaza en la amazonía centro de Ecuador.

Para la Comuna Ancestral San Jacinto del Pindo, perteneciente a la población originaria de Puyo, el río ha sido históricamente un sujeto de derechos: un ser vivo que acompaña, alimenta y une a los pueblos. Sin embargo, al acercarnos a examinar sus tramos, quedan al descubierto las cicatrices que el crecimiento urbano no planificado, las actividades agropecuarias y la falta de infraestructuras de saneamiento le imponen de forma cotidiana. 

La zona alta: contaminación en el origen del agua potable



 

Existe la creencia generalizada de que en la cabecera alta de la montaña, donde nace el caudal que abastece de agua potable a la ciudad, el recurso se mantiene completamente puro. Aunque el paisaje muestra aguas aparentemente cristalinas, la realidad técnica en el terreno es muy diferente. En esta zona de captación proliferan industrias avícolas, explotaciones ganaderas y cultivos intensivos como la caña de azúcar.

 

El uso continuo de plaguicidas y fertilizantes químicos, sumado a los desechos de la ganadería, genera un impacto silencioso pero severo. En una región amazónica donde las lluvias son constantes e intensas, los contaminantes son arrastrados directamente hacia los ríos sin ningún tipo de tratamiento previo. A pesar de ser la fuente principal de agua para el consumo humano de miles de habitantes, la zona alta carece de una figura legal de protección ambiental o conservación por parte de las autoridades locales.



La carachama como termómetro natural del agua



En la memoria de los ancianos de la comunidad, la carachama poblaba en abundancia las piedras del río Puyo. Este pez de fondo (de la familia de los siluriformes) actúa como un indicador biológico natural: cuando el agua fluye limpia y bien oxigenada, la carachama prospera; cuando el lecho de piedra se cubre de fango, aceites o materia orgánica en descomposición, desaparece. Su ausencia en los tramos cercanos a las zonas pobladas es la señal más clara del deterioro ambiental que enfrenta la cuenca.

Las heridas que marcan el deterioro del río Puyo

Durante la jornada de inspección sobre el terreno se registraron diferentes tramos fundamentales donde el impacto socioambiental afecta de manera directa a la naturaleza y a las poblaciones locales comenzando con el Río Mototo (Shell), donde se construyó la captación de agua para una menor población, y la infraestructura no ha sido mejorada o incrementada junto al crecimiento de esta.

El tramo urbano de Citayacu. Es el tramo más expuesto a la actividad de la ciudad. Recibe de forma directa las descargas de las alcantarillas de varios barrios urbanos, así como los vertidos de talleres mecánicos, lavaderos de coches y lubricadoras que arrojan aceites usados y grasas sin filtros de retención. En este punto, el nivel de oxígeno disuelto en el agua cae a 1 miligramo por litro (muy por debajo del rango saludable, que se sitúa entre 6 y 8 mg/L). Esta falta casi total de oxígeno sofoca a la fauna acuática y genera malos olores por la descomposición del agua estancada.

El flujo de La Talanga y el problema del cemento. Este afluente atraviesa zonas residenciales muy pobladas. La elevada carga de aguas servidas consume el poco oxígeno restante de la corriente antes de desembocar en el cauce principal del río Pindo Grande. En este sector se suma además una problemática urbanística: la tendencia de las autoridades a embaular (cubrir con estructuras de hormigón y entubar) los ríos urbanos. En lugar de regenerar la vegetación de las riberas, se aprisiona el agua; ante las fuertes precipitaciones amazónicas, estas estructuras colapsan y provocan graves inundaciones en los parques y zonas comunitarias adyacentes.

Unión Base y el impacto en las comunidades indígenas. Es el punto geográfico donde se unen el río Puyo y el río Pindo Grande, en pleno territorio ancestral de la Comuna San Jacinto. En esta confluencia, toda la contaminación acumulada desde la ciudad impacta de lleno en la vida comunitaria, restringiendo la pesca artesanal, las actividades de recreación familiar y el derecho a un entorno saludable para la población indígena. Se reportan afectaciones a la salud (hongos en la piel, cáncer, problemas en los pulmones)

El río Chilcayacu y el vertedero municipal. Este tramo discurre por la zona de influencia del vertedero y relleno sanitario de Puyo, una instalación que recibe diariamente unas 3990  toneladas de residuos sólidos urbanos. Debido a la falta de piscinas impermeabilizadas y al inadecuado tratamiento de los lixiviados (los líquidos altamente tóxicos que genera la basura al descomponerse), estos vertidos se filtran directamente hacia el río durante las épocas de lluvias intensas, generando olores penetrantes y riesgos sanitarios.

  1. El sector turístico de Nuevo Mundo. Ubicado en el área de Allucus Wasi, es un espacio donde las familias locales han desarrollado emprendimientos de ecoturismo y conservación. Sin embargo, la llegada de aguas contaminadas desde los tramos superiores pone en riesgo estos proyectos de economía sostenible y el sustento de las familias que apuestan por la protección del bosque. Causa además profunda tristeza a las familias que viven a lado del río y no pueden vivirlo.
  1. Puyopungo y el impacto en la gran cuenca del Amazonas. En la zona del Puente de las Boas, punto de entrada al territorio comunitario con más de 50 años de historia, el río Puyo entrega su caudal al río Pastaza. Lo que ocurre en la ciudad no se queda de forma aislada en el municipio: los contaminantes viajan cuenca abajo, conectando con el gran río Marañón e impactando finalmente en el ecosistema transfronterizo del río Amazonas.
Joven de un pueblo originario de la amazonía de Ecuador mirando río contaminado

Faltas en el tratamiento y derecho a la información

El recorrido puso de manifiesto importantes carencias en la gestión pública. La región no cuenta con plantas de tratamiento que ejecuten las fases necesarias para purificar completamente el agua residual antes de devolverla a la naturaleza. Además, existe una clara falta de señalización pública: las autoridades no colocan carteles de advertencia que informen a la población o a los visitantes sobre la calidad del agua en las zonas utilizadas habitualmente como balnearios fluviales, exponiendo la salud de las familias que acuden a bañarse.

Proteger nuestra Casa Común

El agua que recorre la cuenca Amazónica no entiende de fronteras ni de límites municipales. Lo que se arroja sin tratar en la parte alta de la ciudad termina perjudicando la salud, la alimentación y la cultura de las comunidades situadas aguas abajo.

La protección del río Puyo exige respuestas inmediatas: que las instituciones locales garanticen el tratamiento efectivo de las aguas residuales, detengan el sellado con hormigón de los cauces naturales y protejan formalmente las fuentes de captación. Defender el río y devolverle el hábitat a la carachama es garantizar el derecho a la salud, la memoria y la vida en la Amazonía.




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